Nara es una de las ciudades históricas más importantes de Japón. Situada en la región de Kansai, cerca de Kioto y Osaka, fue capital del país entre los años 710 y 784, cuando se conocía como Heijō-kyō. Durante aquel periodo se establecieron importantes instituciones budistas y se construyeron grandes templos que todavía hoy permiten comprender el papel fundamental de Nara en el desarrollo de la cultura japonesa.
Buena parte de las visitas se concentra en el extenso Parque de Nara, donde templos, santuarios y museos comparten espacio con cientos de ciervos que pasean libremente. Según la tradición sintoísta local, estos animales eran considerados mensajeros de las divinidades y actualmente constituyen uno de los símbolos más conocidos de la ciudad.
Pero Nara ofrece mucho más. Barrios históricos, jardines, bosques y extraordinarias obras de arte religioso permiten acercarse a los orígenes de la historia japonesa en un ambiente generalmente más tranquilo que el de la cercana Kioto.
El monumento más famoso es Tōdai-ji, uno de los grandes templos budistas de Japón. En su interior se encuentra el monumental Daibutsu, una estatua de bronce del Buda Vairocana de aproximadamente 15 metros de altura.
Atravesando el Parque de Nara se llega a Kasuga Taisha, importante santuario sintoísta conocido por las numerosas linternas de piedra y bronce que acompañan los caminos entre el bosque.
También destaca Kōfuku-ji, antiguo complejo budista relacionado con la poderosa familia Fujiwara y conocido especialmente por su histórica pagoda.
Para descubrir otra cara de la ciudad merece la pena pasear por Naramachi, antiguo barrio de comerciantes donde todavía se conservan casas tradicionales machiya, pequeñas tiendas, museos y cafeterías.
La primavera y el otoño son especialmente atractivos gracias a los cerezos en flor y al follaje. El invierno ofrece una experiencia más tranquila.
Sus templos, sus famosos ciervos y su excepcional patrimonio convierten Nara en una visita imprescindible para comprender la historia de Japón.